Acto I: El embudo de Ordino y el desvío por nieve en el Comapedrosa
La tensión era máxima en el cajón de salida de Ordino. A las 06:00 AM, los corredores profesionales (los pros) inauguraron la jornada imprimiendo un ritmo frenético. Apenas cuatro minutos después, a las 06:04 AM, llegó mi turno. Los primeros metros exigieron paciencia y templanza: la masiva cantidad de corredores provocó el temido efecto embudo al estrecharse el recorrido, un tapón humano donde era crucial mantener la calma y no desgastar fuerzas innecesariamente en frenazos y acelerones. Una vez superado el colapso inicial, el terreno dócil hasta La Cortinada permitió estirar el pelotón antes de encarar el exigente y directo ascenso al Coll de les Cases, superando las zonas boscosas iniciales a ritmo constante, llegando al Refugi de Pla de l'Estany (km 10,5 | 2.088 m) a las 08:31 AM.
Debido a la excesiva acumulación de nieve y hielo en las cotas altas, la organización se vio obligada a cancelar la ascensión al Pico del Comapedrosa (2.942 m) por motivos de seguridad. En su lugar, se activó un trazado alternativo de alta montaña que rodeó el macizo. A pesar de no coronar el techo andorrano, la dificultad por la altitud se hizo notar con fuerza al flaquear el oxígeno por encima de los 2.500 metros, con un viento gélido que entumecía los músculos. Las Tomir 2.0 respondieron con nota sobre el terreno blanco y descompuesto, llegando al Refugi de Comapedrosa (km 17,1 | 2.260 m) a las 10:40 AM.
Dejando atrás el sector de alta cota, la carrera buscó zonas transicionales abiertas. Subida hacia Port Vell (2.496 m) y aprovechando las limpias pistas de esquí del descenso para soltar piernas, alcanzando el puesto de control del Coll de la Botella (km 23,6 | 2.069 m) a las 12:05 PM .
Acto II: Compartir sendero entre extranjeros y la logística del Parc Central
La ultra avanzaba y un factor invisible empezó a condicionar el aspecto psicológico de la prueba: el idioma. En un pelotón profundamente internacional, iba avanzaba rodeado de corredores extranjeros, lo que hacía casi imposible cruzar palabras o encontrar un relevo conversacional para mitigar la fatiga mental. Sin embargo, los senderos pirenaicos le depararon un encuentro providencial. Durante un buen tramo de este sector, coincidí y compartí kilómetros con Joan Palleja Elias, un viejo conocido de las carreras catalanas e histórico miembro del Club Excursionista de Gràcia. El encuentro supuso una tremenda inyección de energía; Joan Palleja avanzaba firme hacia el liderato indiscutible de su propia categoría Máster 65. Compartir confidencias y ritmos con un viejo amigo rompió la monotonía del aislamiento internacional antes de separarse en el descenso.
Poco después, la carrera cayó con velocidad hacia el fondo del valle. En el bullicio del Parc Central (km 37,5) aguardaba el momento de logística más emotivo y estratégico de la jornada. Allí, esperándome al pie del cañón, se encontraba mi mujer. A pesar de las estrictas medidas de la organización que no le permitieron acceder al interior del recinto vallado de asistencia, su sola presencia a pocos metros fue el combustible definitivo.
En este punto, las Tomir 2.0 empezaban a picarme notablemente en la punta de los pies en las bajadas largas. Sin dudarlo, cambio a Akyra 2. Con el nuevo calzado, neutralice las molestias justo antes de encarar el tramo más destructor del circuito: la infernal subida a la umbría del Bony de la Pica (2.402 m), la irregular cresta de la sierra de Enclar y el largo descenso pedregoso que castigaba las rodillas antes de pisar el avituallamiento base de La Margineda a las 16:39 PM.
Acto III: Avituallamientos sobresalientes y la estocada definitiva pasado el Pic Maià
Si algo destacó a lo largo de toda la jornada fue el despliegue logístico de la prueba. Los corredores contaron con avituallamientos completísimos, donde la variedad de comida y la presencia de geles de alta calidad Nüuk facilitaron una reposición energética idónea y sin problemas estomacales. A esto se sumó un factor diferencial: bastante gente animando en los valles y un personal de voluntarios en los puntos de control que se mostró extremadamente servicial, atento y dispuesto a ayudar en todo momento, facilitándome las transiciones.
La carrera entró en su ecuador cruzando el majestuoso Valle del Madriu-Perafita-Claror. El sector hacia el Refugi de l'Illa (2.488 m) planteó el desafío más largo: 17,5 kilómetros y 1.550 metros de desnivel positivo sin descanso. Aquí con algún amago de rampa, solucionado con un sorbo de nocramp, y con las Akyra 2 rindiendo al máximo, sobre las losas de piedra junto al río, coronando el refugio a las 17:44 PM .
El trazado conducía posteriormente hacia el Hotel Pic Maià, el punto exacto donde cuatro años atrás me había visto obligado a retirarme. Al mirar las referencias con respecto a mi rendimiento anterior, los datos eran aplastantes: Pisaba el Hotel Pic Maià con un espectacular adelanto de 1 hora y 45 minutos respecto al tiempo de la edición pasada. 20:52 pm
En un giro idílico del destino, una vez pasado el Hotel Pic Maià, saqué el frontal y dejando atrás a Joan, y a mi principal rival, que acusó un gran desgaste físico. El regreso hacia el norte continuó rumbo a Els Cortals d'Encamp (2.087 m), arribando al control a las 00:17 AM.
Acto IV: El puente tibetano y el infierno vertical post-Canillo
Con más de 70 kilómetros acumulados, el tramo hacia el fondo del valle ofreció un balsámico respiro sobre el Camí de les Pardines: un sendero ancho y liso a 1.600 metros de altitud donde mantuve un trote alegre. Pasamos por el Lago de Engolasters antes de ejecutar un descenso serpenteante, hasta les Bons / Encamp (km 78,6 | 1.314 m) a la 01:54 AM.
La noche cerrada custodiaba el recorrido cuando alcancé el imponente puente tibetano de Canillo. Suspendido en la oscuridad profunda del valle, cruzar aquella pasarela nos ofreció una estampa visual única. Sin embargo, los Pirineos exigían un último peaje de sufrimiento. Nada más dejar atrás la pasarela, y después del avituallamiento 02:42 tocó encarar la durísima y severa subida posterior. Con las piernas ya muy castigadas por el desgaste previo, ese repecho vertical en plena noche se convirtió en un auténtico ejercicio de supervivencia mental. A base de riñón, ritmo corto y tirando fuertemente en los bastones, superé el calvario para plantarme en la base del último gran puerto: 11 kilómetros más y 850 metros de ascenso hacia el Coll d'Ordino (1.980 m) a las 04:25 AM.
Final: Sorpresa y gloria de la mano de Depa en Ordino
Seis kilómetros de descenso neto separaban el Coll d'Ordino de la meta. El tramo combinó la técnica de un bosque húmedo con revueltas de prados y bordas tradicionales. Al pisar el asfalto del casco urbano de Ordino, las luces del pueblo iluminaron su esfuerzo y el dolor muscular se disipó bajo los aplausos del numeroso público congregado.
Al cruzar el arco, la fatiga acumulada dio paso a la incertidumbre. Exhausto pero satisfecho por el rendimiento técnico, cruzaba la línea de meta final a las 08:33 AM con la firme creencia de que había amarrado una muy trabajada segunda posición en su grupo de edad. Fue entonces cuando se desató la magia. El inconfundible y carismático 'speaker' de las UTMB World Series, Depa (José Antonio de Pablo), se acercó al corredor del Pi Tallat micrófono en mano. Con su habitual energía arrolladora, fue el propio Depa quien le dio el notición: "¡No eres segundo, Toni, eres el 1º de tu categoría!".
La sorpresa multiplicó la emoción en la línea de meta. Destrozando su previsión de 30 horas con un crono final de 26h 29m 07s, la magistral gestión táctica y el tesón se tradujeron en la medalla de Oro de la categoría Máster 60, inscribiendo mi nombre con letras doradas en la historia de UTMB Andorra.





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