domingo, 4 de octubre de 2026

                                    Ultra Guara Somontano:












¡Objetivo cumplido! Todavía con las piernas destrozadas y el cuerpo intentando recuperar el calor, os traigo la crónica de mi última locura: la Ultra Guara Somontano 2026. Una aventura de 82,25 kilómetros con 4.394 metros de desnivel positivo que me costó 16:56:26 de puro trail running. Al final, un 144º puesto de la general que me saben a gloria en una edición donde acabar ya era un premio.

Os cuento cómo fue esta montaña rusa de emociones, dolores y paisajes 
brutales.

⏱️ La radiografía  (Datos de Strava)

  • Distancia: 82,25 km
  • Tiempo total sufriendo: 16h 56min 26seg
  • Ritmo medio: 12:21 min/km
  • Desnivel positivo: 4.394 metros de subidas rompedoras.
  • Esfuerzo relativo: 762 (Clasificado oficialmente por Strava como "Épico").
  • Pulsaciones medias: 128 ppm.
  • Calorías quemadas: 10.028 kcal (ya me he encargado de recuperarlas).

🏔️ El perfil del sufrimiento: Subidas infinitas y bajadas rompepiernas

La cosa empezó a las 3:00 de la mañana en Alquézar tras una odisea para lograr aparcar el coche. Salimos con una temperatura algo cálida que nos hizo sudar antes de tiempo, pero el verdadero "menú del día" estaba por llegar.
El terreno del Somontano es muy similar al del Garraf: pura piedra caliza, técnico, incómodo y sumamente traicionero. Aquí no hay cimas a tres mil metros, pero las tres subidas principales se clavan en el alma:
  1. La cresta de la Sierra de Balced: Oscuridad total y primera toma de contacto con la piedra.
  2. De Rodellar al Collado de las Almunias: Rompepiernas absoluto.
  3. El Gran Muro al Castillo de los Santos: Un auténtico paredón vertical de 2 kilómetros continuos con +600 metros que te hacían replantearte tus opciones de vida a cada paso.


Pero si las subidas dolieron, las bajadas fueron una tortura china para las rodillas. Destaco especialmente la bajada salvaje y súper técnica desde El Canalizo hasta Rodellar, donde un mal paso te mandaba al suelo, y el interminable descenso desde Balced hasta las Almunias: 9 kilómetros de puro pedregal suelto, machacón y completamente expuesto a un sol que te iba friendo la cabeza.

🌧️ Abductores al límite y congelación extrema

A nivel físico la carrera me puso a prueba muy pronto. Hasta el kilómetro 30 el abductor derecho me fue dando avisos serios. Iba tocado y temiendo lo peor, pero bendito anticramp: mano de santo para poder seguir tirando.
En Rodellar 1 (km 43) decidí resetearme. Parada larga en el avituallamiento, cambio de zapatillas (el mejor acierto del día) y cambio de maillot por una camiseta limpia. La estrategia con los geles, barritas e hidratos iba perfecta, pero la meteorología nos tenía guardada una última trampa.
Bajando desde el Mesón de Sevil, el cielo se rompió. Nos pilló un aguacero tremendo con un viento helado que nos caló hasta los huesos. Pasé frío de verdad, de ese que te congela las manos y te hace tiritar. Menos mal que a falta de unos kilómetros para la meta el sol volvió a salir para hacer de secador humano y permitirme encarar el final con otra cara. Al final, de 224 valientes que salimos, cruzamos la meta 187. ¡Sobrevivimos!

📊 Mis tiempos de paso (De menos a más)

Para los más analíticos, aquí se ve cómo pasé de estar el 195º en los primeros kilómetros a ir ganando terreno y regularidad conforme la gente iba cayendo:
Punto de ControlTiempo de CarreraPosición
Alquézar00:02:50195º
Viña02:06:11173º
Mesón de Sevil 103:03:54173º
Pedro Buil04:21:36169º
Rodellar 107:14:19170º
Mascún09:44:09151º
Rodellar 210:07:12145º
Coll Almunias12:59:46140º
Castillo Los Santos14:34:55141º
Mesón de Sevil 215:11:51138º
Meta (Alquézar)16:56:25144º

💬 El tercer tiempo: Lo mejor y lo peor de la UTGS

Quitando los dolores, correr por aquí siempre tiene algo especial. Os dejo mi balance con total honestidad:
👍 Lo mejor:
  • Vistas de postal: Cruzar los cañones, desfiladeros y gargantas profundas de la Sierra de Guara compensa cada ampolla. Además, las aves rapaces sobrevolando las paredes de roca te hacían sentir en pleno documental.

  • El ambientazo: El pueblo se vuelca por completo. Por cierto, el 40% de los corredores eran franceses; no conocía a nadie, pero el compañerismo fue genial.

  • Salvar los muebles: Superar el amago de lesión de abductor y la tiritona de frío me deja claro que la cabeza sigue funcionando mejor que las piernas.
👎 Lo peor:
  • Avituallamientos "a ojo": Algunos estaban lejísimos y otros demasiado juntos. Si llega a apretar el calor de verdad en esas zonas tan secas y sin un solo punto de agua, nos da un síncope a la mitad.
  • El reloj endemoniado: El track oficial era tan impreciso que mi reloj no paraba de pitar con el dichoso mensajito de "fuera de ruta". ¡Qué estrés de pitidos!

🛌 El gran acierto final

Tras cruzar la meta a las siete de la tarde y sin tener que volver a utilizar el frontal, la jugada maestra del fin de semana fue haber reservado una habitación en Yaso. No había nada más cerca, pero esa ducha calentita para quitarme el barro y el frío del cuerpo, y el poder dormir del tirón sin tener que coger el coche para volver a casa por la noche, fue la gloria absoluta.
¡Una más para la saca! Ahora a descansar, comer bien y empezar a pensar en la próxima... Bisuara.. alla que vamos.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Crónica Rialp Matxicots: Cuando la cabeza gestiona lo que las piernas no entrenaron

Crónica Rialp Matxicots: Cuando la cabeza gestiona lo que las piernas no entrenaron

Hay ultras que se preparan con mimo, sumando semanas de volumen, desnivel y series en el monte. Y luego hay ultras a las que se llega por puro coraje. Mi 5ª participación en la Rialp Matxicots (59 km y 4.378 metros de desnivel positivo) pertenece al segundo grupo. Tras un mes de agosto totalmente en blanco a nivel de kilómetros debido a la carga laboral, y con el peaje inevitable de cargar con algún kilo de más en la mochila biológica, el objetivo en la línea de salida del Pallars Sobirà era claro: gestión mental, sangre fría y supervivencia aeróbica.


Gestionando las fuerzas entre los bloques de piedra del Pallars.

El inicio de la carrera desde Rialp fue prometedor. Las piernas salieron frescas y con ganas de rodar. Durante los primeros 6 kilómetros, el terreno dio tregua y me permitió moverme a unos ritmos alegres de entre 6:42 y 7:49 min/km. En los pies calzaba las Genesis, una elección de lujo para esta primera mitad. Su ligereza, combinada con la precisión de su chasis y el agarre del compuesto Contagrip, me dio una confianza brutal para negociar los primeros senderos revueltos.

Sin embargo, las facturas en alta montaña no tardan en llegar si no has hecho los deberes previos. A partir del kilómetro 7, camino al Tossalet Roi (1.984 m) y El Bony (2.446 m), la pendiente se volvió severa. La falta de fuerza específica por el parón de agosto me obligó a penalizar notablemente en las subidas. El ritmo cayó de manera progresiva hasta rozar los 18 min/km en el kilómetro 14, una auténtica pared vertical de más de 200 metros positivos en apenas mil metros de distancia. Clavar bastones, bajar la barbilla al pecho y vigilar el pulso medio en la franja aeróbica (144-147 ppm) fue la única consigna válida para no entrar en zona roja antes de tiempo.

Si hay un punto que define la dureza alpina de la Matxicots, ese es el Montsent de Pallars (2.883 m). Llegar allí arriba sin volumen de entrenamiento es un ejercicio de psicología pura. El dato de mi reloj en el kilómetro 27 lo dice todo: 54 minutos para completar un solo kilómetro.

Fue una batalla agónica contra los elementos y la gravedad: 385 metros de desnivel positivo neto campo a través, sorteando bloques gigantes de piedra y tarteras descompuestas donde cada dos pasos hacia adelante suponían medio resbalón hacia atrás. En ese infierno de granito, las Genesis volvieron a responder de cine, agarrándose a la roca como ventosas. A pesar de la fatiga estructural y muscular, mantuve las pulsaciones medias estables en 137 ppm. Sabía que si me cebaba intentando seguir ritmos ajenos, la carrera se acababa allí mismo.

Tras superar el coloso rojizo del Montorroio (2.862 m) y un descenso técnico muy empinado que me obligó a bajar las revoluciones (el pulso se desplomó a 104 ppm en el kilómetro 40), llegó al punto de la bolsa de vida. Hasta ese momento, la estrategia nutricional había sido de pura resistencia: a lo largo de las horas fui tirando de 3 litros de agua con polvos de hidratos de carbono, entre 3 y 4 pastillas de sales, unas cuantas gominolas y unos 7 u 8 geles (alternando con y sin cafeína), además de un par de pastillas de cafeína extra para mantener la alerta en los tramos alpinos.

En los avituallamientos alterné el combustible rápido (un par de litro de Aquarius en total, fruta, membrillo y dátiles) con comida real como jamón serrano, queso y frutos secos. Si bien esta combinación me mantuvo con los niveles de energía estables y sin un solo amago de calambre, en el último tercio de carrera empecé a notar que el agua me pesaba en el estómago, un síntoma claro de que el sistema digestivo empezaba a saturarse por el esfuerzo continuado.

Por eso, la parada en la bolsa de vida fue un plan de rescate vital:

  • Asentamiento gástrico y energía: Una buena recarga de hidratos de carbono complejos (pasta) para reponer el glucógeno vacío y aporte proteico para frenar el catabolismo muscular.
  • Cambio estratégico de calzado: Guardé las de competición alpina y saqué a pasear las Hierro v9.

Afrontar el tercio final de una ultra con un calzado completamente diferente es una jugada que puede salir muy bien o muy mal. Con las Hierro 9 salió bien. New Balance ha hecho un trabajo soberbio al aligerar este modelo por debajo de los 300 gramos y bajarle el drop a 4 mm.

Los últimos 20 kilómetros de la Matxicots son un descenso continuo hacia el valle, salpicado de zonas boscosas revueltas con raíces y senderos rápidos. Con los cuádriceps ya muy tocados por los gigantes alpinos, el perfil maximalista de la mediasuela de las Hierro v9 actuó como un colchón salvavidas. Su plataforma ancha me dio la estabilidad necesaria cuando la fatiga ya hacía mella en mi técnica de pisada, y la suela Vibram Megagrip con Traction Lug me permitió soltar piernas en las bajadas con total seguridad. Tras la parada, los parciales volvieron a estabilizarse de inmediato en torno a los 10:30 - 11:00 min/km, con un motor aeróbico súper eficiente rodando a apenas 110 ppm.

El último kilómetro fue el premio: un vaciado neuromuscular total, subiendo el pulso a 154 ppm para cruzar el arco de meta en Rialp tras más de 14 horas de pura montaña.



La satisfacción de cruzar la meta cuando dejas todo en la montaña.



Análisis Técnico de Material: Rendimiento real en carrera

A veces nos dejamos llevar por el marketing de las grandes marcas, pero una ultra de 14 horas en el Pirineo es el banco de pruebas definitivo para demostrar qué funciona y qué no. Este fue el rendimiento de mi kit:

  • Chaleco de hidratación Aonijie: Un chaleco ultraeficiente y económico que cumplió con nota. Sin rozaduras, con un ajuste óptimo al cuerpo tipo segunda piel y con bolsillos accesibles que me permitieron gestionar los geles, las sales y las gominolas sobre la marcha sin necesidad de pararme. Demuestra que no hace falta gastarse un sueldo para tener rendimiento top.
  • Maillot de AliExpress (Estampado Floral): Una jugada de manual. Su tejido microperforado ayudó a gestionar el sudor y la cremallera frontal completa fue clave para abrirla de par en par y ventilar el cuerpo en las subidas más agónicas. Cómodo, llamativo y muy funcional.
  • Bastones Leki: Un seguro de vida absoluto en las pendientes del Pallars. El sistema de guantelete permitió una transferencia de fuerza perfecta, liberando de una carga brutal a los cuádriceps y la espalda baja en los muros del Montsent y el Montorroio.

Conclusiones y la mirada puesta en Guara Somontano

Esta Matxicots me deja una gran lección: el cuerpo tiene memoria, pero la cabeza es la que te lleva a la meta cuando las piernas dicen basta. Terminar una prueba de este calibre con una respuesta muscular excelente (más allá de las pertinentes y lógicas agujetas del día siguiente en los cuádriceps) es la confirmación de que el motor está intacto.

No hay tiempo para celebraciones largas. El Pirineo ya es historia y las piernas han despertado del letargo estival. En dos semanas nos vemos en las pasarelas, cañones y rocas calizas de la Ultra Trail Guara Somontano. El terreno será diferente, más seco y probablemente más caluroso, por lo que ajustar los ratios de hidratación y evitar esa pesadez estomacal del final será el próximo gran objetivo. ¡Seguimos!

miércoles, 22 de julio de 2026

GRAN TRAIL VUELTA ANETO: Entre la gloria de Llauset y la ley del Pirineo







Toda gran odisea tiene un prólogo silencioso que a menudo dicta su destino. Llegaba al Valle de Benasque con un motor impresionante y la confianza por las nubes: apenas un mes antes había conseguido la primera plaza en la categoría Máster 60 de la Ultra de Andorra. El primer error de la jornada se cometió antes de cruzar la línea de salida: la falta de descanso. Intentar arañar unas horas de sueño aparcado en el parking del polideportivo de Benasque resultó ser una misión imposible. El bullicio, los nervios del ambiente y el trasiego constante impidieron conciliar el sueño. Sin saberlo, el cuerpo ya comenzaba la aventura con una deuda de energía y el sistema digestivo estresado.

A pesar de ello, la salida por las calles de Benasque a medianoche fue un estallido de pura magia. En plena madrugada, la localidad se volcó por completo: me vi rodeado de una multitud de gente animando, aplaudiendo y haciendo sonar con fuerza los cencerros, rompiendo el silencio pirenaico y metiéndote la adrenalina en las venas.



Desde el pistoletazo inicial, la presión era máxima. El primer gran objetivo era el tramo que va de Benasque al Refugio de La Renclusa, un inicio de carrera vertiginoso marcado por un estricto corte horario de 4 horas. Superada esa primera barrera contra el crono, la prueba se adentró en la salvaje oscuridad del imponente y técnico tramo de Salenques. Allí, entre el caos de bloques de piedra, el cuerpo pagó los primeros peajes físicos: varias torceduras en el pie izquierdo y golpes secos en las piernas, además de un par de caídas sin mayores consecuencias.



Para este hostil terreno inicial, la elección de material fue impecable: La Sportiva Akyra II, una auténtica garantía de protección. Aunque la abrasión de las rocas pirenaicas dejó la malla bastante tocada, la suela terminó impecable y su agarre me dio una confianza absoluta. La respuesta muscular en ese tramo fue descomunal, moviéndote con fuerza y sin ningún amago de rampa. Fue entonces cuando la montaña te regaló su estampa más espectacular: la sobrecogedora belleza de los lagos de Llauset, 



un paisaje idílico donde la hidratación y la comida funcionaban al milímetro hasta aproximadamente el kilómetro 50.

En la implacable subida al Pico de Estiba



 todavía iba bastante bien, respondiendo con entereza a la dureza del terreno. Tras coronar, afronté una larguísima e interminable bajada a Benasque en la que el calor empezó a apretar de forma asfixiante. Fue precisamente al final de la bajada me adelantaron los cinco primeros clasificados de la Vuelta al Aneto, que volaban hacia el pueblo a un ritmo infernal. Sorprendía también cruzarse en ese punto con varios excursionistas activos. Completé el primer bucle en un tiempo aproximado de 15 horas.

Al entrar en el gran avituallamiento de Benasque, el calor sofocante acumulado y la falta de descanso pasaron factura de golpe. El estómago lanzó el aviso definitivo y rechazó por completo la comida sólida; el sistema digestivo se había bloqueado. Intentando salvar la situación, tomé un batido de proteínas, una ducha reparadora y un cambio de ropa limpia. En este punto, cambié a las New Balance Fresh Foam X Hierro v9, una gran elección. Las piernas aún querían guerra y estaba decidido a continuar.

La gran fiesta del trail continuó al arrancar el segundo bucle. Nada más salir de Benasque, me iba encontrando de frente con los corredores del Maratón de Las Tucas



 que venían en sentido inverso, compartiendo alientos en la senda. Sin poder ingerir nada sólido y apenas escasos sorbos de agua, la energía se evaporó por completo por culpa del bloqueo gástrico. El ascenso se convirtió en un calvario de resistencia pura; los últimos dos kilómetros de subida al refugio de Ángel Orús 



se hicieron eternos, cada paso costaba un mundo y las paredes del refugio parecían un espejismo inalcanzable.

Al cruzarse su umbral, la cordura se impuso a la cabezonería. Continuar sin gasolina y al borde de la deshidratación era una temeridad, por lo que tomé la madura decisión de detenerme. El colapso del estómago era tal, que me fui a dormir sin comer absolutamente nada, rindiéndonos al descanso necesario junto a otro compañero de retirada. En la calma del refugio, arropados por las horas de sueño, el cuerpo dio por fin una tregua y desayunasteis nada más levantaros, recuperando la energía, decidimos bajar corriendo hasta Eriste, acompañados por el rugido y la imponente belleza de la Cascada de Espigantosa



en un descenso rápido y divertido. Abajo, en el pueblo, os esperaba la mujer de tu compañero para llevaros de vuelta a Benasque.

Una vez de regreso en el epicentro de la carrera, tras una ducha reparadora, vimos a los últimos corredores de la ultra que cruzaban la línea de llegada tras horas de sufrimiento. Ver su esfuerzo me recordó la grandeza de este deporte y supuso el cierre definitivo a mi exigente temporada de competición.

Me retiré sin la medalla de Benasque, pero con el orgullo de un año deportivo brillante donde toqué el cielo con mi podio en Andorra. Esta retirada no es un punto final, sino el punto y seguido necesario para reiniciar el organismo. En septiembre arranca una nueva temporada, y mi próximo gran objetivo ya está grabado en piedra: la Ultra Trail Guara Somontano de 82 kilómetros.



domingo, 14 de junio de 2026

TRAIL 100 ANDORRA BY UTMB




Acto I: El embudo de Ordino y el desvío por nieve en el Comapedrosa

La tensión era máxima en el cajón de salida de Ordino. A las 06:00 AM, los corredores profesionales (los pros) inauguraron la jornada imprimiendo un ritmo frenético. Apenas cuatro minutos después, a las 06:04 AM, llegó mi turno. Los primeros metros exigieron paciencia y templanza: la masiva cantidad de corredores provocó el temido efecto embudo al estrecharse el recorrido, un tapón humano donde era crucial mantener la calma y no desgastar fuerzas innecesariamente en frenazos y acelerones. Una vez superado el colapso inicial, el terreno dócil hasta La Cortinada permitió estirar el pelotón antes de encarar el exigente y directo ascenso al Coll de les Cases, superando las zonas boscosas iniciales a ritmo constante, llegando al Refugi de Pla de l'Estany (km 10,5 | 2.088 m) a las 08:31 AM.

Debido a la excesiva acumulación de nieve y hielo en las cotas altas, la organización se vio obligada a cancelar la ascensión al Pico del Comapedrosa (2.942 m) por motivos de seguridad. En su lugar, se activó un trazado alternativo de alta montaña que rodeó el macizo. A pesar de no coronar el techo andorrano, la dificultad por la altitud se hizo notar con fuerza al flaquear el oxígeno por encima de los 2.500 metros, con un viento gélido que entumecía los músculos. Las Tomir 2.0 respondieron con nota sobre el terreno blanco y descompuesto, llegando al Refugi de Comapedrosa (km 17,1 | 2.260 m) a las 10:40 AM.

Dejando atrás el sector de alta cota, la carrera buscó zonas transicionales abiertas. Subida hacia Port Vell (2.496 m) y aprovechando las limpias pistas de esquí del descenso para soltar piernas, alcanzando el puesto de control del Coll de la Botella (km 23,6 | 2.069 m) a las 12:05 PM .


Acto II: Compartir sendero entre extranjeros y la logística del Parc Central

La ultra avanzaba y un factor invisible empezó a condicionar el aspecto psicológico de la prueba: el idioma. En un pelotón profundamente internacional, iba avanzaba rodeado de corredores extranjeros, lo que hacía casi imposible cruzar palabras o encontrar un relevo conversacional para mitigar la fatiga mental. Sin embargo, los senderos pirenaicos le depararon un encuentro providencial. Durante un buen tramo de este sector, coincidí y compartí kilómetros con Joan Palleja Elias, un viejo conocido de las carreras catalanas e histórico miembro del Club Excursionista de Gràcia. El encuentro supuso una tremenda inyección de energía; Joan Palleja avanzaba firme hacia el liderato indiscutible de su propia categoría Máster 65. Compartir confidencias y ritmos con un viejo amigo rompió la monotonía del aislamiento internacional antes de separarse en el descenso.

Poco después, la carrera cayó con velocidad hacia el fondo del valle. En el bullicio del Parc Central (km 37,5) aguardaba el momento de logística más emotivo y estratégico de la jornada. Allí, esperándome al pie del cañón, se encontraba mi mujer. A pesar de las estrictas medidas de la organización que no le permitieron acceder al interior del recinto vallado de asistencia, su sola presencia a pocos metros fue el combustible definitivo.



En este punto, las Tomir 2.0 empezaban a picarme notablemente en la punta de los pies en las bajadas largas. Sin dudarlo, cambio a Akyra 2. Con el nuevo calzado, neutralice las molestias justo antes de encarar el tramo más destructor del circuito: la infernal subida a la umbría del Bony de la Pica (2.402 m), la irregular cresta de la sierra de Enclar y el largo descenso pedregoso que castigaba las rodillas antes de pisar el avituallamiento base de La Margineda a las 16:39 PM.


Acto III: Avituallamientos sobresalientes y la estocada definitiva pasado el Pic Maià

Si algo destacó a lo largo de toda la jornada fue el despliegue logístico de la prueba. Los corredores contaron con avituallamientos completísimos, donde la variedad de comida y la presencia de geles de alta calidad Nüuk facilitaron una reposición energética idónea y sin problemas estomacales. A esto se sumó un factor diferencial: bastante gente animando en los valles y un personal de voluntarios en los puntos de control que se mostró extremadamente servicial, atento y dispuesto a ayudar en todo momento, facilitándome las transiciones.

La carrera entró en su ecuador cruzando el majestuoso Valle del Madriu-Perafita-Claror. El sector hacia el Refugi de l'Illa (2.488 m) planteó el desafío más largo: 17,5 kilómetros y 1.550 metros de desnivel positivo sin descanso. Aquí con algún amago de rampa, solucionado con un sorbo de nocramp, y con las Akyra 2 rindiendo al máximo, sobre las losas de piedra junto al río, coronando el refugio a las 17:44 PM .

El trazado conducía posteriormente hacia el Hotel Pic Maià, el punto exacto donde cuatro años atrás me había visto obligado a retirarme. Al mirar las referencias con respecto a mi rendimiento anterior, los datos eran aplastantes: Pisaba el Hotel Pic Maià con un espectacular adelanto de 1 hora y 45 minutos respecto al tiempo de la edición pasada. 20:52 pm

En un giro idílico del destino, una vez pasado el Hotel Pic Maià, saqué el frontal y dejando atrás a Joan, y a mi principal rival, que acusó un gran desgaste físico. El regreso hacia el norte continuó rumbo a Els Cortals d'Encamp (2.087 m), arribando al control a las 00:17 AM.


Acto IV: El puente tibetano y el infierno vertical post-Canillo

Con más de 70 kilómetros acumulados, el tramo hacia el fondo del valle ofreció un balsámico respiro sobre el Camí de les Pardines: un sendero ancho y liso a 1.600 metros de altitud donde mantuve un trote alegre. Pasamos por el Lago de Engolasters antes de ejecutar un descenso serpenteante, hasta les Bons / Encamp (km 78,6 | 1.314 m) a la 01:54 AM.

La noche cerrada custodiaba el recorrido cuando alcancé el imponente puente tibetano de Canillo. Suspendido en la oscuridad profunda del valle, cruzar aquella pasarela nos ofreció una estampa visual única. Sin embargo, los Pirineos exigían un último peaje de sufrimiento. Nada más dejar atrás la pasarela, y después del avituallamiento 02:42 tocó encarar la durísima y severa subida posterior. Con las piernas ya muy castigadas por el desgaste previo, ese repecho vertical en plena noche se convirtió en un auténtico ejercicio de supervivencia mental. A base de riñón, ritmo corto y tirando fuertemente en los bastones, superé el calvario para plantarme en la base del último gran puerto: 11 kilómetros más y 850 metros de ascenso hacia el Coll d'Ordino (1.980 m) a las 04:25 AM.


Final: Sorpresa y gloria de la mano de Depa en Ordino

Seis kilómetros de descenso neto separaban el Coll d'Ordino de la meta. El tramo combinó la técnica de un bosque húmedo con revueltas de prados y bordas tradicionales. Al pisar el asfalto del casco urbano de Ordino, las luces del pueblo iluminaron su esfuerzo y el dolor muscular se disipó bajo los aplausos del numeroso público congregado.

Al cruzar el arco, la fatiga acumulada dio paso a la incertidumbre. Exhausto pero satisfecho por el rendimiento técnico, cruzaba la línea de meta final a las 08:33 AM con la firme creencia de que había amarrado una muy trabajada segunda posición en su grupo de edad. Fue entonces cuando se desató la magia. El inconfundible y carismático 'speaker' de las UTMB World Series, Depa (José Antonio de Pablo), se acercó al corredor del Pi Tallat micrófono en mano. Con su habitual energía arrolladora, fue el propio Depa quien le dio el notición: "¡No eres segundo, Toni, eres el 1º de tu categoría!".

La sorpresa multiplicó la emoción en la línea de meta. Destrozando su previsión de 30 horas con un crono final de 26h 29m 07s, la magistral gestión táctica y el tesón se tradujeron en la medalla de Oro de la categoría Máster 60, inscribiendo mi nombre con letras doradas en la historia de UTMB Andorra.