sábado, 17 de octubre de 2026

Crónica Trail del Bisaura 2026: Una dosis de realidad y datos para aprender





  • Distancia oficial: ~40,2 km
  • Desnivel positivo: 2.126 m+ (Recorrido recortado unos 6 km y 500 m+ por seguridad, evitando cimas y barrancos) 
  • Tiempo final: 6:41:41
  • Posición general: 376º de la general 





El Trail del Bisaura de este año prometía un escenario dantesco de lluvia y tormentas que finalmente no se materializó. Tuvimos un día con algo de calor y el cielo aguantando el tipo. Sin embargo, la meteorología no fue el factor determinante de mi jornada; lo fueron la gestión del ritmo, unos problemas físicos inesperados y la falta de rodaje tras el parón del que vengo.
1. El error de estrategia: Un punto de más en la salida
Los datos de los parciales oficiales no mienten y reflejan a la perfección las sensaciones que tuve en carrera. Salí demasiado alegre, pagando la novatada de la energía post-ultra o las ganas acumuladas.
  • Km 5.9 (el Revell): Posición 316. Ritmo alegre.
  • Km 8.1 (Coll 3 pals): Posición 307. Corriendo con confianza, mi punto álgido en la clasificación.
  • Km 13.7 (Castell de Llaers): Posición 338. Aquí empezó el peaje. Perdí 31 posiciones en este tramo.
  • Km 18.6 (Milany): Posición 348. La sangría de puestos continuaba de forma paulatina.
El ritmo ajustado equivalente en pendiente (RAP) en los primeros kilómetros demuestra que forcé más de la cuenta en frío, lo que terminaría pasando factura en la segunda mitad de la carrera.
2. El calvario de los pies frente al terreno pedregoso
Lo que realmente condicionó mi rendimiento a partir de la mitad de la carrera fue un calvario mecánico en los pies. Arrastro una molestia cronificada en la almohadilla de la cara interior (bajo el dedo gordo) y en los talones que se agrava drásticamente según el tipo de suelo.
El terreno pedregoso del Bisaura fue mi juez: al carecer las Tomir de una placa protectora delantera rígida, cada piedra suelta se convertía en un impacto directo contra una zona ya inflamada, perdiendo además el apoyo correcto sobre mis medias plantillas habituales. Aunque estirar los dedos dentro del calzado aliviaba momentáneamente la presión, el castigo continuo en las zonas de roca convirtió los kilómetros en un sufrimiento atroz. Para rematar, metí el pie izquierdo entero en el único socavón de barro de la jornada; la zapatilla drenó rápido.


3. Bajadas técnicas: Falta de fuerza total
Si en las subidas lograba mantener el tipo, las bajadas fueron mi gran problema hoy. Noté una falta de fuerza total para retener el cuerpo en los descensos técnicos debido a que todavía no estoy fino tras el parón. Es precisamente en estos tramos donde sufrí el mayor adelantamiento de corredores. Hacia el final, las últimas bajadas las tuve que hacer prácticamente andando porque la musculatura excéntrica de mis cuádriceps estaba agotada.
4. Gestión de molestias y lectura positiva
No todo fueron malas noticias. Al principio de la carrera apareció una molestia en el aductor izquierdo. Decidí reaccionar rápido tomando el anticramp y la molestia remitió por completo, permitiéndome seguir adelante sin ese freno muscular. Asimismo, los rodajes con cambios de ritmo (fartlek) que metí durante la semana me habían dejado buenas sensaciones previas, lo que confirma que el motor aeróbico responde, pero falta sostenerlo en el tiempo.
Conclusiones y hoja de ruta para las 100 millas
El Bisaura me ha dejado una lectura muy clara y objetiva de mi estado de forma actual de cara a retos como las 100 millas de Tarragona o UTMB:
  1. Más volumen de marcha/carrera larga: Para recuperar la consistencia y la chispa que exige la ultradistancia tras el parón vacacional, necesito acumular más marchas y tiradas largas en el rango de los 50 kilómetros.
  2. Trabajo de fuerza enfocado: La debilidad en las bajadas confirma que la rutina de fuerza enfocada en excéntrico que estamos estructurando en el gimnasio es obligatoria.
  3. Calzado y pisada: Toca revisar la amortiguación delantera en terrenos pedregosos y buscar soluciones para que la almohadilla interna no absorba todo el impacto de las piedras.
Una carrera dura, limpia de épica, pero repleta de datos valiosos para volver al trabajo. Siguiente parada: seguir sumando con la Marcha de Suria y mi 11ª participacion en la Marxa del Garraf..

domingo, 4 de octubre de 2026

                                    Ultra Guara Somontano:












¡Objetivo cumplido! Todavía con las piernas destrozadas y el cuerpo intentando recuperar el calor, os traigo la crónica de mi última locura: la Ultra Guara Somontano 2026. Una aventura de 82,25 kilómetros con 4.394 metros de desnivel positivo que me costó 16:56:26 de puro trail running. Al final, un 144º puesto de la general que me saben a gloria en una edición donde acabar ya era un premio.

Os cuento cómo fue esta montaña rusa de emociones, dolores y paisajes 
brutales.

⏱️ La radiografía  (Datos de Strava)

  • Distancia: 82,25 km
  • Tiempo total sufriendo: 16h 56min 26seg
  • Ritmo medio: 12:21 min/km
  • Desnivel positivo: 4.394 metros de subidas rompedoras.
  • Esfuerzo relativo: 762 (Clasificado oficialmente por Strava como "Épico").
  • Pulsaciones medias: 128 ppm.
  • Calorías quemadas: 10.028 kcal (ya me he encargado de recuperarlas).

🏔️ El perfil del sufrimiento: Subidas infinitas y bajadas rompepiernas

La cosa empezó a las 3:00 de la mañana en Alquézar tras una odisea para lograr aparcar el coche. Salimos con una temperatura algo cálida que nos hizo sudar antes de tiempo, pero el verdadero "menú del día" estaba por llegar.
El terreno del Somontano es muy similar al del Garraf: pura piedra caliza, técnico, incómodo y sumamente traicionero. Aquí no hay cimas a tres mil metros, pero las tres subidas principales se clavan en el alma:
  1. La cresta de la Sierra de Balced: Oscuridad total y primera toma de contacto con la piedra.
  2. De Rodellar al Collado de las Almunias: Rompepiernas absoluto.
  3. El Gran Muro al Castillo de los Santos: Un auténtico paredón vertical de 2 kilómetros continuos con +600 metros que te hacían replantearte tus opciones de vida a cada paso.






Pero si las subidas dolieron, las bajadas fueron una tortura china para las rodillas. Destaco especialmente la bajada salvaje y súper técnica desde El Canalizo hasta Rodellar, donde un mal paso te mandaba al suelo, y el interminable descenso desde Balced hasta las Almunias: 9 kilómetros de puro pedregal suelto, machacón y completamente expuesto a un sol que te iba friendo la cabeza.

🌧️ Abductores al límite y congelación extrema

A nivel físico la carrera me puso a prueba muy pronto. Hasta el kilómetro 30 el abductor derecho me fue dando avisos serios. Iba tocado y temiendo lo peor, pero bendito anticramp: mano de santo para poder seguir tirando.
En Rodellar 1 (km 43) decidí resetearme. Parada larga en el avituallamiento, cambio de zapatillas (el mejor acierto del día) y cambio de maillot por una camiseta limpia. La estrategia con los geles, barritas e hidratos iba perfecta, pero la meteorología nos tenía guardada una última trampa.
Bajando desde el Mesón de Sevil, el cielo se rompió. Nos pilló un aguacero tremendo con un viento helado que nos caló hasta los huesos. Pasé frío de verdad, de ese que te congela las manos y te hace tiritar. Menos mal que a falta de unos kilómetros para la meta el sol volvió a salir para hacer de secador humano y permitirme encarar el final con otra cara. Al final, de 224 valientes que salimos, cruzamos la meta 187. ¡Sobrevivimos!

📊 Mis tiempos de paso (De menos a más)

Para los más analíticos, aquí se ve cómo pasé de estar el 195º en los primeros kilómetros a ir ganando terreno y regularidad conforme la gente iba cayendo:
Punto de ControlTiempo de CarreraPosición
Alquézar00:02:50195º
Viña02:06:11173º
Mesón de Sevil 103:03:54173º
Pedro Buil04:21:36169º
Rodellar 107:14:19170º
Mascún09:44:09151º
Rodellar 210:07:12145º
Coll Almunias12:59:46140º
Castillo Los Santos14:34:55141º
Mesón de Sevil 215:11:51138º
Meta (Alquézar)16:56:25144º

💬 El tercer tiempo: Lo mejor y lo peor de la UTGS

Quitando los dolores, correr por aquí siempre tiene algo especial. Os dejo mi balance con total honestidad:
👍 Lo mejor:
  • Vistas de postal: Cruzar los cañones, desfiladeros y gargantas profundas de la Sierra de Guara compensa cada ampolla. Además, las aves rapaces sobrevolando las paredes de roca te hacían sentir en pleno documental.

  • El ambientazo: El pueblo se vuelca por completo. Por cierto, el 40% de los corredores eran franceses; no conocía a nadie, pero el compañerismo fue genial.

  • Salvar los muebles: Superar el amago de lesión de abductor y la tiritona de frío me deja claro que la cabeza sigue funcionando mejor que las piernas.
👎 Lo peor:
  • Avituallamientos "a ojo": Algunos estaban lejísimos y otros demasiado juntos. Si llega a apretar el calor de verdad en esas zonas tan secas y sin un solo punto de agua, nos da un síncope a la mitad.
  • El reloj endemoniado: El track oficial era tan impreciso que mi reloj no paraba de pitar con el dichoso mensajito de "fuera de ruta". ¡Qué estrés de pitidos!






🛌 El gran acierto final

Tras cruzar la meta a las siete de la tarde y sin tener que volver a utilizar el frontal, la jugada maestra del fin de semana fue haber reservado una habitación en Yaso. No había nada más cerca, pero esa ducha calentita para quitarme el barro y el frío del cuerpo, y el poder dormir del tirón sin tener que coger el coche para volver a casa por la noche, fue la gloria absoluta.
¡Una más para la saca! Ahora a descansar, comer bien y empezar a pensar en la próxima... Bisuara.. alla que vamos.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Crónica Rialp Matxicots: Cuando la cabeza gestiona lo que las piernas no entrenaron

Crónica Rialp Matxicots: Cuando la cabeza gestiona lo que las piernas no entrenaron

Hay ultras que se preparan con mimo, sumando semanas de volumen, desnivel y series en el monte. Y luego hay ultras a las que se llega por puro coraje. Mi 5ª participación en la Rialp Matxicots (59 km y 4.378 metros de desnivel positivo) pertenece al segundo grupo. Tras un mes de agosto totalmente en blanco a nivel de kilómetros debido a la carga laboral, y con el peaje inevitable de cargar con algún kilo de más en la mochila biológica, el objetivo en la línea de salida del Pallars Sobirà era claro: gestión mental, sangre fría y supervivencia aeróbica.


Gestionando las fuerzas entre los bloques de piedra del Pallars.

El inicio de la carrera desde Rialp fue prometedor. Las piernas salieron frescas y con ganas de rodar. Durante los primeros 6 kilómetros, el terreno dio tregua y me permitió moverme a unos ritmos alegres de entre 6:42 y 7:49 min/km. En los pies calzaba las Genesis, una elección de lujo para esta primera mitad. Su ligereza, combinada con la precisión de su chasis y el agarre del compuesto Contagrip, me dio una confianza brutal para negociar los primeros senderos revueltos.

Sin embargo, las facturas en alta montaña no tardan en llegar si no has hecho los deberes previos. A partir del kilómetro 7, camino al Tossalet Roi (1.984 m) y El Bony (2.446 m), la pendiente se volvió severa. La falta de fuerza específica por el parón de agosto me obligó a penalizar notablemente en las subidas. El ritmo cayó de manera progresiva hasta rozar los 18 min/km en el kilómetro 14, una auténtica pared vertical de más de 200 metros positivos en apenas mil metros de distancia. Clavar bastones, bajar la barbilla al pecho y vigilar el pulso medio en la franja aeróbica (144-147 ppm) fue la única consigna válida para no entrar en zona roja antes de tiempo.

Si hay un punto que define la dureza alpina de la Matxicots, ese es el Montsent de Pallars (2.883 m). Llegar allí arriba sin volumen de entrenamiento es un ejercicio de psicología pura. El dato de mi reloj en el kilómetro 27 lo dice todo: 54 minutos para completar un solo kilómetro.

Fue una batalla agónica contra los elementos y la gravedad: 385 metros de desnivel positivo neto campo a través, sorteando bloques gigantes de piedra y tarteras descompuestas donde cada dos pasos hacia adelante suponían medio resbalón hacia atrás. En ese infierno de granito, las Genesis volvieron a responder de cine, agarrándose a la roca como ventosas. A pesar de la fatiga estructural y muscular, mantuve las pulsaciones medias estables en 137 ppm. Sabía que si me cebaba intentando seguir ritmos ajenos, la carrera se acababa allí mismo.

Tras superar el coloso rojizo del Montorroio (2.862 m) y un descenso técnico muy empinado que me obligó a bajar las revoluciones (el pulso se desplomó a 104 ppm en el kilómetro 40), llegó al punto de la bolsa de vida. Hasta ese momento, la estrategia nutricional había sido de pura resistencia: a lo largo de las horas fui tirando de 3 litros de agua con polvos de hidratos de carbono, entre 3 y 4 pastillas de sales, unas cuantas gominolas y unos 7 u 8 geles (alternando con y sin cafeína), además de un par de pastillas de cafeína extra para mantener la alerta en los tramos alpinos.

En los avituallamientos alterné el combustible rápido (un par de litro de Aquarius en total, fruta, membrillo y dátiles) con comida real como jamón serrano, queso y frutos secos. Si bien esta combinación me mantuvo con los niveles de energía estables y sin un solo amago de calambre, en el último tercio de carrera empecé a notar que el agua me pesaba en el estómago, un síntoma claro de que el sistema digestivo empezaba a saturarse por el esfuerzo continuado.

Por eso, la parada en la bolsa de vida fue un plan de rescate vital:

  • Asentamiento gástrico y energía: Una buena recarga de hidratos de carbono complejos (pasta) para reponer el glucógeno vacío y aporte proteico para frenar el catabolismo muscular.
  • Cambio estratégico de calzado: Guardé las de competición alpina y saqué a pasear las Hierro v9.

Afrontar el tercio final de una ultra con un calzado completamente diferente es una jugada que puede salir muy bien o muy mal. Con las Hierro 9 salió bien. New Balance ha hecho un trabajo soberbio al aligerar este modelo por debajo de los 300 gramos y bajarle el drop a 4 mm.

Los últimos 20 kilómetros de la Matxicots son un descenso continuo hacia el valle, salpicado de zonas boscosas revueltas con raíces y senderos rápidos. Con los cuádriceps ya muy tocados por los gigantes alpinos, el perfil maximalista de la mediasuela de las Hierro v9 actuó como un colchón salvavidas. Su plataforma ancha me dio la estabilidad necesaria cuando la fatiga ya hacía mella en mi técnica de pisada, y la suela Vibram Megagrip con Traction Lug me permitió soltar piernas en las bajadas con total seguridad. Tras la parada, los parciales volvieron a estabilizarse de inmediato en torno a los 10:30 - 11:00 min/km, con un motor aeróbico súper eficiente rodando a apenas 110 ppm.

El último kilómetro fue el premio: un vaciado neuromuscular total, subiendo el pulso a 154 ppm para cruzar el arco de meta en Rialp tras más de 14 horas de pura montaña.



La satisfacción de cruzar la meta cuando dejas todo en la montaña.



Análisis Técnico de Material: Rendimiento real en carrera

A veces nos dejamos llevar por el marketing de las grandes marcas, pero una ultra de 14 horas en el Pirineo es el banco de pruebas definitivo para demostrar qué funciona y qué no. Este fue el rendimiento de mi kit:

  • Chaleco de hidratación Aonijie: Un chaleco ultraeficiente y económico que cumplió con nota. Sin rozaduras, con un ajuste óptimo al cuerpo tipo segunda piel y con bolsillos accesibles que me permitieron gestionar los geles, las sales y las gominolas sobre la marcha sin necesidad de pararme. Demuestra que no hace falta gastarse un sueldo para tener rendimiento top.
  • Maillot de AliExpress (Estampado Floral): Una jugada de manual. Su tejido microperforado ayudó a gestionar el sudor y la cremallera frontal completa fue clave para abrirla de par en par y ventilar el cuerpo en las subidas más agónicas. Cómodo, llamativo y muy funcional.
  • Bastones Leki: Un seguro de vida absoluto en las pendientes del Pallars. El sistema de guantelete permitió una transferencia de fuerza perfecta, liberando de una carga brutal a los cuádriceps y la espalda baja en los muros del Montsent y el Montorroio.

Conclusiones y la mirada puesta en Guara Somontano

Esta Matxicots me deja una gran lección: el cuerpo tiene memoria, pero la cabeza es la que te lleva a la meta cuando las piernas dicen basta. Terminar una prueba de este calibre con una respuesta muscular excelente (más allá de las pertinentes y lógicas agujetas del día siguiente en los cuádriceps) es la confirmación de que el motor está intacto.

No hay tiempo para celebraciones largas. El Pirineo ya es historia y las piernas han despertado del letargo estival. En dos semanas nos vemos en las pasarelas, cañones y rocas calizas de la Ultra Trail Guara Somontano. El terreno será diferente, más seco y probablemente más caluroso, por lo que ajustar los ratios de hidratación y evitar esa pesadez estomacal del final será el próximo gran objetivo. ¡Seguimos!

miércoles, 22 de julio de 2026

GRAN TRAIL VUELTA ANETO: Entre la gloria de Llauset y la ley del Pirineo







Toda gran odisea tiene un prólogo silencioso que a menudo dicta su destino. Llegaba al Valle de Benasque con un motor impresionante y la confianza por las nubes: apenas un mes antes había conseguido la primera plaza en la categoría Máster 60 de la Ultra de Andorra. El primer error de la jornada se cometió antes de cruzar la línea de salida: la falta de descanso. Intentar arañar unas horas de sueño aparcado en el parking del polideportivo de Benasque resultó ser una misión imposible. El bullicio, los nervios del ambiente y el trasiego constante impidieron conciliar el sueño. Sin saberlo, el cuerpo ya comenzaba la aventura con una deuda de energía y el sistema digestivo estresado.

A pesar de ello, la salida por las calles de Benasque a medianoche fue un estallido de pura magia. En plena madrugada, la localidad se volcó por completo: me vi rodeado de una multitud de gente animando, aplaudiendo y haciendo sonar con fuerza los cencerros, rompiendo el silencio pirenaico y metiéndote la adrenalina en las venas.



Desde el pistoletazo inicial, la presión era máxima. El primer gran objetivo era el tramo que va de Benasque al Refugio de La Renclusa, un inicio de carrera vertiginoso marcado por un estricto corte horario de 4 horas. Superada esa primera barrera contra el crono, la prueba se adentró en la salvaje oscuridad del imponente y técnico tramo de Salenques. Allí, entre el caos de bloques de piedra, el cuerpo pagó los primeros peajes físicos: varias torceduras en el pie izquierdo y golpes secos en las piernas, además de un par de caídas sin mayores consecuencias.



Para este hostil terreno inicial, la elección de material fue impecable: La Sportiva Akyra II, una auténtica garantía de protección. Aunque la abrasión de las rocas pirenaicas dejó la malla bastante tocada, la suela terminó impecable y su agarre me dio una confianza absoluta. La respuesta muscular en ese tramo fue descomunal, moviéndote con fuerza y sin ningún amago de rampa. Fue entonces cuando la montaña te regaló su estampa más espectacular: la sobrecogedora belleza de los lagos de Llauset, 



un paisaje idílico donde la hidratación y la comida funcionaban al milímetro hasta aproximadamente el kilómetro 50.

En la implacable subida al Pico de Estiba



 todavía iba bastante bien, respondiendo con entereza a la dureza del terreno. Tras coronar, afronté una larguísima e interminable bajada a Benasque en la que el calor empezó a apretar de forma asfixiante. Fue precisamente al final de la bajada me adelantaron los cinco primeros clasificados de la Vuelta al Aneto, que volaban hacia el pueblo a un ritmo infernal. Sorprendía también cruzarse en ese punto con varios excursionistas activos. Completé el primer bucle en un tiempo aproximado de 15 horas.

Al entrar en el gran avituallamiento de Benasque, el calor sofocante acumulado y la falta de descanso pasaron factura de golpe. El estómago lanzó el aviso definitivo y rechazó por completo la comida sólida; el sistema digestivo se había bloqueado. Intentando salvar la situación, tomé un batido de proteínas, una ducha reparadora y un cambio de ropa limpia. En este punto, cambié a las New Balance Fresh Foam X Hierro v9, una gran elección. Las piernas aún querían guerra y estaba decidido a continuar.

La gran fiesta del trail continuó al arrancar el segundo bucle. Nada más salir de Benasque, me iba encontrando de frente con los corredores del Maratón de Las Tucas



 que venían en sentido inverso, compartiendo alientos en la senda. Sin poder ingerir nada sólido y apenas escasos sorbos de agua, la energía se evaporó por completo por culpa del bloqueo gástrico. El ascenso se convirtió en un calvario de resistencia pura; los últimos dos kilómetros de subida al refugio de Ángel Orús 



se hicieron eternos, cada paso costaba un mundo y las paredes del refugio parecían un espejismo inalcanzable.

Al cruzarse su umbral, la cordura se impuso a la cabezonería. Continuar sin gasolina y al borde de la deshidratación era una temeridad, por lo que tomé la madura decisión de detenerme. El colapso del estómago era tal, que me fui a dormir sin comer absolutamente nada, rindiéndonos al descanso necesario junto a otro compañero de retirada. En la calma del refugio, arropados por las horas de sueño, el cuerpo dio por fin una tregua y desayunasteis nada más levantaros, recuperando la energía, decidimos bajar corriendo hasta Eriste, acompañados por el rugido y la imponente belleza de la Cascada de Espigantosa



en un descenso rápido y divertido. Abajo, en el pueblo, os esperaba la mujer de tu compañero para llevaros de vuelta a Benasque.

Una vez de regreso en el epicentro de la carrera, tras una ducha reparadora, vimos a los últimos corredores de la ultra que cruzaban la línea de llegada tras horas de sufrimiento. Ver su esfuerzo me recordó la grandeza de este deporte y supuso el cierre definitivo a mi exigente temporada de competición.

Me retiré sin la medalla de Benasque, pero con el orgullo de un año deportivo brillante donde toqué el cielo con mi podio en Andorra. Esta retirada no es un punto final, sino el punto y seguido necesario para reiniciar el organismo. En septiembre arranca una nueva temporada, y mi próximo gran objetivo ya está grabado en piedra: la Ultra Trail Guara Somontano de 82 kilómetros.