Hay ultras que se preparan con mimo, sumando semanas de volumen, desnivel y series en el monte. Y luego hay ultras a las que se llega por puro coraje. Mi participación en la Rialp Matxicots (59 km y 4.378 metros de desnivel positivo) pertenece al segundo grupo. Tras un mes de agosto totalmente en blanco a nivel de kilómetros debido a la carga laboral, y con el peaje inevitable de cargar con algún kilo de más en la mochila biológica, el objetivo en la línea de salida del Pallars Sobirà era claro: gestión mental, sangre fría y supervivencia aeróbica.
Aquí os dejo el desglose milimétrico de una jornada de alta montaña donde la estrategia y el material terminaron por salvar el día.
La primera mitad: Fluidez en el llano y el peaje de la verticalidad
El inicio de la carrera desde Rialp fue prometedor. Las piernas salieron frescas y con ganas de rodar. Durante los primeros 6 kilómetros, el terreno dio tregua y me permitió moverme a unos ritmos alegres de entre 6:42 y 7:49 min/km. En los pies calzaba las Salomon S/Lab Genesis, una elección de lujo para esta primera mitad. Su ligereza, combinada con la precisión de su chasis y el agarre del compuesto Contagrip, me dio una confianza brutal para negociar los primeros senderos revueltos.
Sin embargo, las facturas en alta montaña no tardan en llegar si no has hecho los deberes previos. A partir del kilómetro 7, camino al Tossalet Roi (1.984 m) y El Bony (2.446 m), la pendiente se volvió severa. La falta de fuerza específica por el parón de agosto me obligó a penalizar notablemente en las subidas. El ritmo cayó de manera progresiva hasta rozar los 18 min/km en el kilómetro 14, una auténtica pared vertical de más de 200 metros positivos en apenas mil metros de distancia. Clavar bastones, bajar la barbilla al pecho y vigilar el pulso medio en la franja aeróbica (144-147 ppm) fue la única consigna válida para no entrar en zona roja antes de tiempo.
El juicio del Montsent de Pallars: Kilómetro 27
Si hay un punto que define la dureza alpina de la Matxicots, ese es el Montsent de Pallars (2.883 m). Llegar allí arriba sin volumen de entrenamiento es un ejercicio de psicología pura. El dato de mi reloj en el kilómetro 27 lo dice todo: 54 minutos para completar un solo kilómetro.
Fue una batalla agónica contra los elementos y la gravedad: 385 metros de desnivel positivo neto campo a través, sorteando bloques gigantes de piedra y tarteras descompuestas donde cada dos pasos hacia adelante suponían medio resbalón hacia atrás. En ese infierno de granito, las Genesis volvieron a responder de cine, agarrándose a la roca como ventosas. A pesar de la fatiga estructural y muscular, mantuve las pulsaciones medias estables en 137 ppm. Sabía que si me cebaba intentando seguir ritmos ajenos, la carrera se acababa allí mismo.
Kilómetro 40: La estrategia nutricional y la parada que resucitó la carrera
Tras superar el coloso rojizo del Montorroio (2.862 m) y un descenso técnico muy empinado que me obligó a bajar las revoluciones (el pulso se desplomó a 104 ppm en el kilómetro 40), llegué al punto crítico de la bolsa de vida. Hasta ese momento, la estrategia nutricional había sido de pura resistencia: a lo largo de las horas fui tirando de 3 litros de agua con polvos de hidratos de carbono, entre 3 y 4 pastillas de sales, unas cuantas gominolas y unos 7 u 8 geles (alternando con y sin cafeína), además de un par de pastillas de cafeína extra para mantener la alerta en los tramos alpinos.
En los avituallamientos alterné el combustible rápido (un litro de Aquarius en total, fruta, membrillo y dátiles) con comida real como jamón serrano, queso y frutos secos. Si bien esta combinación me mantuvo con los niveles de energía estables y sin un solo amago de calambre, en el último tercio de carrera empecé a notar que el agua me pesaba en el estómago, un síntoma claro de que el sistema digestivo empezaba a saturarse por el esfuerzo continuado.
Por eso, la parada en la bolsa de vida fue un plan de rescate vital en tres pasos:
- Asentamiento gástrico y energía: Una buena recarga de hidratos de carbono complejos (pasta) para reponer el glucógeno vacío y aporte proteico para frenar el catabolismo muscular.
- Higiene y confort: Secar bien los pies, revisar la piel e hidratarlos adecuadamente.
- Cambio estratégico de calzado: Guardé las de competición alpina y saqué a pasear las nuevas New Balance Fresh Foam X Hierro v9.
Los últimos 20 km: El bautismo de las Hierro v9
Afrontar el tercio final de una ultra con un calzado completamente diferente es una jugada que puede salir muy bien o muy mal. Con las Hierro 9 salió de matrícula de honor. New Balance ha hecho un trabajo soberbio al aligerar este modelo por debajo de los 300 gramos y bajarle el drop a 4 mm.
Los últimos 20 kilómetros de la Matxicots son un descenso continuo hacia el valle, salpicado de zonas boscosas revueltas con raíces y senderos rápidos. Con los cuádriceps ya tocados por los gigantes alpinos, el perfil maximalista de la mediasuela de las Hierro v9 actuó como un colchón salvavidas. Su plataforma ancha me dio la estabilidad necesaria cuando la fatiga ya hacía mella en mi técnica de pisada, y la suela Vibram Megagrip con Traction Lug me permitió soltar piernas en las bajadas con total seguridad. Tras la parada, los parciales volvieron a estabilizarse de inmediato en torno a los 10:30 - 11:00 min/km, con un motor aeróbico súper eficiente rodando a apenas 110 ppm.
El último kilómetro fue el premio: un vaciado neuromuscular total, subiendo el pulso a 154 ppm para cruzar el arco de meta en Rialp tras más de 14 horas de pura montaña.
Conclusiones y la mirada puesta en Guara Somontano
Esta Matxicots me deja una gran lección: el cuerpo tiene memoria, pero la cabeza es la que te lleva a la meta cuando las piernas dicen basta. Terminar una prueba de este calibre con una respuesta muscular excelente (más allá de las pertinentes y lógicas agujetas del día siguiente en los cuádriceps) es la confirmación de que el motor está intacto.
No hay tiempo para celebraciones largas. El Pirineo ya es historia y las piernas han despertado del letargo estival. En dos semanas nos vemos en las pasarelas, cañones y rocas calizas de la Ultra Trail Guara Somontano. El terreno será diferente, más seco y probablemente más caluroso, por lo que ajustar los ratios de hidratación y evitar esa pesadez estomacal del final será el próximo gran objetivo. ¡Seguimos!


